
En el corazón de Colombia, donde la tierra fértil y el clima han sido siempre ideales, nacieron las flores que llenaron de amor y color la celebración de San Valentín. La sabana de Bogotá fue para esta ocasión el epicentro de la floricultura colombiana, con municipios como Facatativá y otras regiones de Cundinamarca produciendo gran parte de las flores que se exportaron por esta fecha.
Más que belleza, la floricultura representó un motor económico y social: generó cerca de 200.000 empleos, de los cuales 110.000 fueron directos. El 60 % de sus trabajadores eran mujeres, muchas de ellas cabeza de hogar, lo que convirtió a esta industria en un pilar fundamental para miles de familias.
En los campos de cultivo, manos expertas sembraron y cuidaron con esmero cada rosa. Durante meses, las flores crecieron bajo un meticuloso control de temperatura, humedad y luz para garantizar su frescura y calidad. Una vez alcanzaron su punto óptimo de cosecha, fueron cortadas con precisión y seleccionadas cuidadosamente.
Luego, comenzó un proceso clave: las flores pasaron por hidratación y conservación en cámaras frías, donde se mantuvieron en condiciones óptimas para su viaje. Posteriormente, fueron empacadas en cajas especiales diseñadas para proteger su belleza y frescura.

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Estados Unidos fue el principal destino de las flores colombianas, recibiendo más del el 80 % de las exportaciones.
Finalmente, los ramos listos para viajar fueron transportados desde las fincas hasta el aeropuerto El Dorado en Bogotá, donde comenzó un viaje que llevó consigo el trabajo, la dedicación y la pasión de miles de colombianos.
Desde Bogotá hasta Miami
Cada día, cientos de camiones llegaban al aeropuerto El Dorado cargados con flores listas para su travesía. Allí, empresas especializadas en carga, como Latam Cargo, recibieron los envíos y los prepararon para su embarque. Esta aerolínea transportó el 43 % de las flores colombianas y, solo para la temporada de San Valentín, movilizó más de 12.000 toneladas desde Colombia.
Las flores fueron almacenadas en una bodega refrigerada de 2.200 metros cuadrados, donde se conservaron a temperaturas entre 2 y 8 grados centígrados. Este paso fue crucial para garantizar que llegaran frescas a su destino. Una vez organizadas, las cajas fueron preparadas para ser cargadas en los aviones.
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Latam Cargo contó con una flota de 21 aviones de carga, principalmente Boeing 767, con capacidad para transportar entre 50 y 55 toneladas cada uno. Durante la temporada alta, la aerolínea reforzó su operación alquilando aeronaves adicionales. Sin embargo, factores como las condiciones climáticas afectaron la carga máxima, por lo que se realizaron ajustes para garantizar la seguridad de los vuelos.
Desde la llegada del camión hasta el despegue del avión, el proceso logístico tomó entre 8 y 12 horas, asegurando eficiencia en la distribución.
El compromiso de LATAM no se limitó a la temporada alta. Estuvimos al lado de nuestros clientes durante todo el año, garantizando la capacidad necesaria cuando más lo requirieron. Eso fue parte de nuestra esencia y de la relación de largo plazo que construimos con cada uno de ellos

Finalmente, las flores despegaron con destino a Miami, donde se encontraba el principal centro de distribución. Allí, fueron descargadas con rapidez y almacenadas en bodegas climatizadas antes de continuar su viaje hacia los puntos de venta.
De Miami a los Enamorados
Después de un extenso recorrido, las flores colombianas aterrizaron en el aeropuerto de Miami, la principal puerta de entrada a Estados Unidos. Empresas como The Elite Flower, una de las más grandes del sector, recibieron la carga y se encargaron de su distribución a grandes supermercados y tiendas en todo el país.
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Durante San Valentín, la flor más demandada fue la rosa roja. Para esta temporada, se estimó la llegada de 650.000 cajas de flores a EE.UU., lo que equivalió a aproximadamente 250 millones de tallos. Cada dos horas, un avión cargado de flores aterrizaba en Miami, reflejando la magnitud de esta industria.
Gracias a permisos especiales, The Elite Flower pudo recoger directamente la carga en el aeropuerto y trasladarla a sus bodegas. Allí, las flores fueron separadas según los pedidos de cada cliente y pasaron por una línea de producción donde fueron reempacadas y preparadas para su distribución final.
En cuestión de horas, llegaron a tiendas y floristerías en estados como California, Texas, Florida y Nueva Jersey. Desde allí, miles de personas eligieron la flor perfecta para expresar su amor en San Valentín.
Así, cada rosa colombiana cumplió su propósito: cruzar fronteras para convertirse en el símbolo de un sentimiento universal.
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