El Teatro Colón de Bogotá
ha sido testigo de innumerables espectáculos a lo largo de su historia, pero pocos han transformado su espacio de manera tan radical como Sun and Sea, la ópera-performance que convirtió su platea en una playa de arena dorada. Esta innovadora puesta en escena, traída al país por el Festival No Convencional, no solo desafió los límites de la ópera tradicional, sino que también ofreció al público una experiencia inmersiva y multisensorial.
Santiago Gardeazábal, director del Festival No Convencional y de la agencia cultural Nova Et Vetera, habló sobre el impacto de esta obra y la complejidad de su montaje en uno de los teatros más emblemáticos de Colombia.
Una playa en medio de Bogotá
Desde su creación en Lituania, Sun and Sea ha llamado la atención por su formato poco convencional. En esta ópera, el público observa desde lo alto a un grupo de personajes que descansan sobre la arena mientras entonan reflexiones sobre el mundo moderno, el cambio climático y la rutina vacacional. La puesta en escena es un mosaico de historias individuales que, entre la banalidad y la profundidad, logran crear una sensación de hipnosis colectiva.
Para Gardeazábal, traer esta pieza al Teatro Colón no fue solo un reto logístico, sino también una oportunidad para repensar el uso de los espacios tradicionales de la cultura. “Llevamos mucho tiempo trabajando en el Teatro Colón y ahora en el Centro Nacional de las Artes. Justo este año el Centro cumplía dos años y pensamos que era idóneo celebrar con una obra de esta magnitud”, explicó.
Transformar el teatro en una playa no fue tarea fácil. Se utilizaron 20 toneladas de arena, cuidadosamente seleccionadas para no dañar la estructura del lugar ni afectar a los intérpretes. “La arena tenía que tener un gramaje especial para que fuera segura tanto para el público como para los artistas”, detalló Gardeazábal. Además, el equipo técnico del teatro tuvo que nivelar el suelo y crear múltiples capas de protección antes de esparcir la arena.
La experiencia de Sun and Sea
Uno de los elementos más llamativos de la obra es la distribución del público. A diferencia de una ópera convencional, aquí los espectadores pueden moverse libremente por los distintos niveles del teatro, eligiendo su propia perspectiva de la escena. Esta disposición convierte al “gallinero” —usualmente la zona menos privilegiada— en un punto estratégico desde donde se obtiene una vista panorámica única.
Otro símbolo poderoso dentro de la obra es el agua, que, aunque nunca se ve directamente, está presente en la narrativa y en pequeños detalles escenográficos, como una regadera utilizada por los personajes. “El agua es la clave de todo. Hay una ausencia del mar que se siente como una ausencia de fertilidad, un deseo constante de hacer fértil algo infértil”, reflexionó Gardeazábal.
La ópera, que dura aproximadamente 55 minutos, contó con la participación de 24 artistas lituanos, a los que se sumó el Coro Nacional de Colombia. Para los intérpretes colombianos, fue un desafío inusual, pues debieron cantar acostados en la arena, una posición que exige un control vocal y físico excepcional.
El futuro del Festival No Convencional
El éxito de Sun and Sea es solo una muestra de la apuesta del Festival No Convencional por ofrecer experiencias artísticas fuera de lo común. “El festival siempre ha buscado exponer espectáculos atípicos en lugares inesperados”, señaló su director.
Después de las 16 funciones de Sun and Sea, el festival continuará con más eventos innovadores. Uno de los más esperados es el concierto del 11 de mayo en la Plaza de Toros La Santamaría, un homenaje al arquitecto Rogelio Salmona, en el que se interpretarán obras de los compositores Yannis Xenakis y Marco Suárez Fuentes. La presentación, además, tendrá una dinámica especial: el público estará sentado entre los músicos y, a la mitad del concierto, cambiará de lugar para experimentar la obra desde otra perspectiva.
Para quienes deseen seguir explorando propuestas artísticas poco convencionales, Gardeazábal recomienda estar atentos a las redes sociales del festival. “Bogotá tiene un público ávido de nuevas experiencias y queremos seguir sorprendiéndolos”, concluyó.